Un cuento de Cortázar

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Leer a Cortázar por vez primera es asistir a un procedimiento muy extraño en la composición de sus relatos. Tomemos Casa tomada.: el efecto extraño está que, en efecto, los rastros de lo que ocurre, algo temible e inexplicable, no están marcados por un tono alegórico o hasta deliberadamente extraño (pensad en Kafka), ni tampoco presentados como un enigma del que aprender algo. Todo sucede con una vulgaridad asombrosa y precisa.:

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.;

-No está aquí.

Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

La reacción de los personajes no es de asombro, pero tampoco parecen predecir lo que sucede. Es más bien esa manera en la que aceptan lo que va sucediendo la que va dando un efecto peculiar al relato. Para el final del relato, ninguno de los enigmas comunes de cualquier cuento de misterio (quién ha tomado la casa, por qué) queda por resolver, pero ni siquiera hace falta. Cortázar empieza la historia en los laterales, lo curioso es que lo que en términos más genéricos sería una situación histérica por desvelar termina por ser el único efecto posible. ¿Qué alcance tiene eso en sus cuentos?  Mucho. Demasiado. Sus personajes no se muestran cómodos ante el cambio, pero no luchan por reunirse o por recuperar algo que han perdido. Casa tomada basa todos sus efectos en lo que nunca vemos siquiera como lectores: un lugar que va siendo sitiado, una pareja que va perdiendo todo su espacio. La frase final del cuento es desoladora a varios niveles.:

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

Ella llora por la pérdida, pero el narrador nos da la hora y su preocupación, tal vez nimia, de cerrar la casa. En una primera lectura, juzgué el final como irónico, pero conforme má lee (y relee) uno a Cortázar observa que sus efectos no podían estar más alejados de la ironía.: hay una naturalidad esencialmente dramática en ese cierre, una frase perfecta para expresar la desazón y una vida que se muda a otra parte sin mayores tragedias por su narrador.

En Alguien que anda por ahí (1977) abrió con un relato, a mi parecer, todavía mejor. Cambio de luces es una historia de amor que termina en decepción o tal vez la historia de una expectativa frustrada, podremos argumentar. Luciana y Tito Balcárcel se enamoran apasionadamente. Ella seducirá al hombre mediante apasionadas cartas; él lo habrá hecho ya con su profesión, la de actor de seriales radiofónicos, en los que presta voz a heroicos y galanes personajes. Ambos conviven con la imaginación, con lo que no han visto y en su contacto se desvela la decepción, pero ambos tratarán de cambiar esa situación de distintas maneras.

Es uno de los pocos cuentos de Cortázar en los que la resolución del misterio es un mecanismo narrativo, pero, de nuevo, su solución es magnífica.: no aprenderemos a entender su decepción, sino que la intriga, los mecanismos del deseo, no por quedar descrita con garbo quedará resuelta. O tal vez, su resolución nos duela demasiado.

El narrador es Balcárcel, pero en su flujo de conciencia leemos también las cartas (y con ello la voz) de Luciana, en una magnífica exhibición de estilo y composición.

No necesito ver una foto de usted, decía Luciana, no me importa que Sintonía y Antena publiquen fotos deMíguez y de Jorge Fuentes pero nunca de usted, no me importa porque tengo su voz, y tampoco meimporta que digan que es antipático y villano, no me importa que sus papeles engañen a todo el mundo,al contrario, porque me hago la ilusión de ser la sola que sabe la verdad: usted sufre cuando interpretaesos papeles, usted pone su talento pero yo siento que no está ahí de veras como Míguez o RaquelitaBailey, usted es tan diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia. Creyendo que odian al príncipe loodian a usted, la gente confunde y ya me di cuenta con mi tía Poli y otras personas el año pasado cuandousted era Vassilis, el contrabandista asesino. Esta tarde me he sentido un poco sola y he querido decirleesto, tal vez no soy la única que se lo ha dicho y de alguna manera lo deseo por usted, que se sepaacompañado a pesar de todo, pero al mismo tiempo me gustaría ser la única que sabe pasar al otro ladode sus papeles y de su voz, que está segura de conocerlo de veras y de admirarlo más que a los quetienen los papeles fáciles. Es como con Shakespeare, nunca se lo he dicho a nadie, pero cuando ustedhizo el papel, Yago me gustó más que Otelo. No se crea obligado a contestarme, pongo mi dirección por sirealmente quiere hacerlo, pero si no lo hace yo me sentiré lo mismo feliz de haberle escrito todo esto.Caía la noche, la letra era liviana y fluida, la gata se había dormido después de jugar con el sobre lila en elalmohadón del sofá. Desde la irreversible ausencia de Bruna ya no se cenaba en mi departamento, laslatas nos bastaban a la gata y a mí, y a mí especialmente el coñac y la pipa. En los días de descanso(después tendría que trabajar el papel de Pájaro en la tormenta) releí la carta de Luciana sin intención decontestarla porque en ese terreno un actor, aunque solamente reciba una carta cada tres años, estimada Luciana, le contesté antes de irme al cine el viernes por la noche, me conmueven sus palabras y ésta noes una frase de cortesía. Claro que no lo era, escribí como si esa mujer que imaginaba más bien chiquita ytriste y de pelo castaño con ojos claros estuviera sentada ahí y yo le dijera que me conmovían suspalabras. El resto salió más convencional porque no encontraba qué decirle después de la verdad, todo sequedaba en un relleno de papel, dos o tres frases de simpatía y gratitud, su amigo Tito Balcárcel. Perohabía otra verdad en la posdata: Me alegro de que me haya dado su dirección, hubiera sido triste nopoder decirle lo que siento.

El deseo, adivinamos, se inflama con facilidad, pero también resulta magnífica la manera en la que Cortázar describe la idea concreta que tiene Balcárcel de Luciana, una idea por derruirse. Mientras que Luciana aceptará a Balcárcel añorando pequeños detalles, él, como si de un guión de una vulgar radionovela que protagonizase, tratará de modelar toda su imaginación a la realidad. Ambos chocan, pero de distinta manera.  En su egoísmo, Balcárcel actúa como si se tratara del protagonista de Vértigo (1958, Alfred Hitchock), pero sin que medie una atracción necrófila y fantasmal, y trata de adecuar a Luciana, bajita y con el pelo castaño, a la que él imaginó, con el pelo más claro, incluso recogido. La decepción de ella es mucho más agridulce, tal vez porque descubra en el actor alguien muy alejado de sus roles, pero también mucho menos imaginativo.

¡Y qué decir del final! Prueba del gran estilo cortazariano, encadenando hechos y sucesos con una frase larga en la que entendemos todo lo que Balcárcel espera y no va a encontrar y todo lo que va a suceder a una pareja ya desintegrada, porque todo en su sueño y su deseo fue volátil, con la diferencia de que mientras Balcárcel asume que solamente hay una manera de transformar la realidad, interviniendo en ella, Luciana toma una decisión más contundente, distinta.:

No lo hice porque Luciana dormía, porque Luciana estaba despierta, porque ese martes íbamos al cine, porque estábamos buscando un auto paralas vacaciones, porque la vida venía a grandes pantallazos antes y después de los atardeceres en que laluz cenicienta parecía condensar su perfección en la pausa del sillón de mimbre. Que me hablara tan poco ahora, que a veces volviera a mirarme como buscando alguna cosa perdida, retardaban en mí la oscura necesidad de confiarle la verdad, de explicarle por fin el pelo castaño, la luz de la galería. No tuve tiempo,un azar de horarios cambiados me llevó al centro un fin de mañana, la vi salir de un hotel, no la reconocí al reconocerla, no comprendí al comprender que salía apretando el brazo de un hombre más alto que yo,un hombre que se inclinaba un poco para besarla en la oreja, para frotar su pelo crespo contra el pelo castaño de Luciana.

El destello final cierra los dos relatos y encierra un pragmatismo insólito en Luciana. El cuento, por supuesto, es algo perfectamente comprensible en una dimensión amorosa, con la diferencia de que, esta vez, no hay realidades paralelas que puedan perdurar más allá de un chispazo inicial: solamente el deseo, el mismo que incendia y termina con todo el espejismo de lo amado. O tal vez, solamente con lo que alguna vez se supuso amado.

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